Chañarcillo

Chañarcillo

por Vidal Naveas Droguett

Chañarcillo, es una historia social que nace en Copiapó en el mítico pueblo de Juan Godoy, y que el próximo 28 de agosto de 2016, a las 20.00 horas, convertida en una obra de teatro, la más importante de todas las que produjo el destacado dramaturgo nacional, Antonio Acevedo Hernández, estará en Copiapó.

La obra será la segunda vez que se presente en nuestra ciudad, pues esta ya estuvo aquí, por allá por el año 1956. Acotar que, el grupo teatral Artes y Letras de Copiapó, la presentó en el año 1959 en el escenario del Liceo de Niñas Mercedes Fritis Mackenney, con la actuación de Medardo Cano, Rolando Araya, Anjela Cuevas y Ximena Araya, entre otros actores regionales.

La historia de la consecución de esta obra, sirve para ilustrar el enorme trabajo teatral del dramaturgo chileno, precursor del teatro de corte social y cuyo gran eje fue el retratar las historias de la clase trabajadora, los obreros y campesinos, desde sus orígenes.
Recordemos que el dramaturgo en su juventud, recorrió parte de nuestra región, específicamente en el sector de entre Inca de Oro y Copiapó, donde trabajó como obrero ferroviario y contaba tan solo con dieciocho años, se desempeñó como peón constructor de las vías férreas en los años de 1900 – 1903.

La actual versión, que es protagonizada entre otros por Iñigo Urrutia, Hugo Medina y Humberto Gallardo, busca restituir la versión original escrita por Acevedo Hernández, a través de una puesta en escena con 21 actores, música en vivo y bailes folclóricos.
Para ello, incluye canciones y bailes tradicionales, los que fueron asesorados por Margot Loyola y Osvaldo Cádiz (los cuales participaron también en las dos primeras versiones de la obra) y la dirección musical está a cargo de Andrea Andreu, sucesora y recopiladora del trabajo de Margot Loyola. A ellos se le suma el aporte de textos complementarios, tal como el autor imaginó al momento de su estreno.

De Antonio Acevedo Hernández, los críticos ya lo han dicho todo, fue un hombre del pueblo.

Nacido en la localidad de Tracacura, Angol, el 8 de marzo de 1886 y fallecido el 1 de diciembre de 1962.

Fue un prolífico escritor y dramaturgo chileno, de formación autodidacta.
Escribió teatro, novela, cuento, crónica literaria y periodística, ensayo, poesía popular y recopilación folclórica.

Su obra, junto a la de autores como Germán Luco Cruchaga y Armando Moock, consolidó los inicios de la dramaturgia chilena.
Fue hijo de Luis Acevedo Astorga, soldado de la Guerra del Pacífico y de María Hernández Urbistondo.

Después de haber vivido sus primeros años en Tracacura, se trasladó a Temuco. Cuando tenía 10 años, se internó en los bosques de la zona, donde había taladores que le enseñaron el dominio de las armas blancas. Fue analfabeto hasta que se trasladó a la ciudad de Chillán, en donde ingresó a la Escuela Taller, tomando la especialidad de Carpintería. Sin embargo, su precaria situación económica lo obligaba a trabajar desempeñando múltiples oficios (hachero, cargador, vendedor de ferias y carpintero). Permaneció en la escuela durante un año, en que aprendió a leer y escribir.

A los dieciséis años de edad decidió trasladarse a Santiago. Para lograrlo, caminó cuatro días sin comer hasta llegar a Linares, en donde un conocido de su padre le proporcionó un pasaje de tercera hasta la capital. En esa época, en Santiago bullía la literaria “generación del 900”, donde figuraban importantes figuras de la literatura chilena, tales como Pedro Antonio González, Carlos Pezoa Véliz, Fernando Santiván, Pedro Prado y Augusto D’Halmar. Sin embargo, Antonio no se vinculará tanto con esta generación como con el movimiento impulsado por Luis Emilio Recabarren, lo mismo que el dramaturgo de Inca de Oro, Luis Plan Sáez, del que nunca sabremos si tuvo alguna conexión o compartió alguna vez con Antonio Acevedo Hernández.

En consecuencia, con el compromiso que adquirió con este movimiento social es que en 1903 participa en la huelga portuaria de Valparaíso, luego, en una huelga ferroviaria en Caleta Abarca y en 1905 en otra, en la capital. Dentro de estos movimientos es que, en 1913 conoce a Domingo Gómez Rojas, quien lee su obra y lo entusiasma para ofrecerla en los teatros. Este sería el paso inicial para una progresiva masificación de su dramaturgia.
Mientras escribía y ofrecía sus obras a los teatros, debió continuar trabajando como empleado en tiendas, en el Registro Civil e incluso subiéndose al ring para ganar unos pesos con el boxeo. Sin embargo, luego es contratado por la Compañía de teatro Pellicer, para barrer los camarines, atender los mandados de los artistas, ser apuntador, vigilante, “arreglador de textos”, o lo que hiciera falta. Desde ese entonces, año a año su producción aumentaba, así como el avance del teatro chileno dentro del país.

Sus duros años de vida y la arteriosclerosis lo hará perder progresivamente sus facultades intelectuales hasta el momento de su muerte. Sus funerales fueron grandiosos. Lo único grandioso que tuvo en su vida. Masas de gentes se apostaron en las calles y arrojaron flores al paso del féretro. Despidieron sus restos en el Campo Santo representantes de todas las condiciones políticas y ramas sociales, recibiendo así su cuerpo sin vida los honores de los más grandes, de aquellos que muchas veces quisieron negarle el derecho a la vida.

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