Historia del Río Loa en el Amplio Desierto del Norte Grande

El río Loa forma parte de nuestra existencia y de nuestro entorno. Preciso es saber de sus orígenes como del presente. Conozcámoslo, respetémoslo y ayudémoslo a sobrevivir.

El Loa hizo su aparición apenas unos 15 millones de años, cuando por efecto de algunos fenómenos climáticos y geológicos, la cordillera de los Andes comenzó a elevarse y entonces un pequeño hilito de agua comenzó a escurrir desde el volcán Miño(5.661 mts de altura), pero su incipiente recorrido solo alcanzaba a cubrir unos 100 kilómetros, depositando sus aguas en uno de los tanto lagos que existían donde actualmente se ubica la ciudad de Calama.

Por otro lado en dirección noroeste(cerca de Quillagua), existía otro gran lago, “El Soledad”, que cubría la actual pampa del Tamarugal y donde hoy aun se conservan los Salares de Llamara y Grande; pero intensos cataclismos que incluso lograron levantar los Valles, provocando el rebalse del lago Soledad cuyas aguas comenzaron a escurrir hacia la costa, dando origen a lo que sería la futura desembocadura de este nuevo río.

Unos centenares de miles de años después el lago que alimentaba el naciente río Loa también rebalsa, y sus aguas comienzan a fluir raudamente hacia el desierto de la Depresión Intermedia(sector de las actuales salitreras), allí una quebrada lo desvía hacia el norte, conectándose ambos lagos (suceso que acontece hace unos 2 millones de años) dando origen así al río Loa, el más largo de Chile, con 440 kilómetros de longitud y con una hoya hidrográfica de 33.000 kilómetros cuadrados.

Recibe los tributos permanentes de los ríos San Salvador, San Pedro y Salado, además de algunas filtraciones subterráneas.
En sus riberas se asentó la vida, plantas y animales lo convirtieron en su hábitat predilecto. También el hombre se instala junto al Loa hace unos 4.000 A.C. Pero desde ese tiempo a la fecha, la situación de utilización de las aguas del río ha variado enormemente. Las actuales políticas económicas por una parte favorecen los intereses de la población urbana y por la otra la expansión de la minería, mientras que se ha descuidado significativamente la forma de vida rural de la población indígena (Bittmann 1988)

Con la extracción de agua para las ciudades de Antofagasta y Calama, y para los establecimientos mineros, ya se han secado las vegas de altura con el consiguiente deterioro ecológico del área andina.
La misma suerte podría correr el río Loa si no hacemos conciencia ahora de esta insensata realidad. De lo contrario veremos secarse ante nuestros ojos a este milenario río, que aún sigue siendo un pilar trascendental de desarrollo en la sobrevivencia de un gran sector poblacional de la Segunda región.

Textos: CLAUDIO E. CASTELLÓN GATICA