El significado u origen de la palabra Copiapó

por Make Stanne

El significado u origen de la palabra Copiapó sigue en una nebulosa.

Accidentalmente revisando un libro de principios de siglo (Chile y sus riquezas, 1935,Tomo II) me encontré con un párrafo curioso respecto de la proveniencia, la cual nunca había escuchado ni leído, a continuación, el relato:

“El origen del mismo de la palabra Copiapó ha sido muy discutido, pero una reciente investigación llevada a cabo por el actual Notario de la ciudad Dr. Félix Piñero Olea, persona muy estudiosa, ha logrado establecer que es un conglomerado de varias palabras indígenas. Según sus investigaciones, cuando los expedicionarios de Pedro de Valdivia avistaron el valle, al observar desde lejos su vegetación gritaron llenos de júbilo: “agua”. Los indígenas que acompañaban a Valdivia, repitieron el vocablo, en su lenguaje diciendo “copi” que significa agua. Este grito “copi” se lo fueron transmitiendo a los que venían mas atrás, seguido de los vocablos “a” y “po” que quiere decir “dijo” y “jefe” respectivamente los que unidos al anterior “copi” habrían formado la palabra Copiapó, que, en resumen, significaría: “agua dijo el jefe”

Fuente: Libro “Chile y sus riquezas, 1935,Tomo II”

Los “coches” de Copiapó

por Vidal Naveas Droguett

Cómo han cambiado los tiempos en nuestro Copiapó. Nunca sabremos si fue bueno o malo el que hayamos dado “un salto al Progreso o al Desarrollo pleno en Copiapó”, palabras tan manoseadas por los políticos, para justificar sus desacertadas acciones.

Mirando nuestras calles, llenas de autos y tacos por todos lados – que nos llevan a tener una conducta totalmente estresante –, se me ocurre recordar algunos aspectos sobre el transporte público en Copiapó.

Días atrás en un evento, en un lugar cercano de Copiapó, observé dos Victorias abandonadas, probablemente para ser la atracción en un tiempo próximo, o estar listas para la venta, no lo sé. ¡Pero que estaban allí, allí estaban!…

Mirando fotos antiguas de Copiapó, vemos sus calles vacías, desoladas, donde el copiapino podía caminar, movilizarse tranquilamente por la ciudad.

Entre las fotos que se muestran, que se conocen, nos retrotraemos a los antiguos coches, así se llamaba aquí a los carruajes tirados por caballos, (en otras ciudades como Viña del Mar, aún se les llama Victorias).

Copiapó, antiguamente tuvo un Ferrocarril Urbano, (dependiente del Ferrocarril de Copiapó, todo un monopolio), que se desplazaba por las principales calles de Copiapó; con estacionamientos oficiales; paraderos y abrevaderos; (pilones para que tomen agüita los caballos). Eran carruajes tirados por caballos en un madero carril.

Generalmente, los altos, (estaciones) se hallaban en la Estación de Ferrocarriles, en la Plaza Prat, de Copiapó, en la Chimba y el Pueblo de Indios de San Fernando.

Este tren urbano, funcionó hasta los primeros años del Siglo XX, hasta cuando el ferrocarril fue estatizado, para convertirse en la columna vertebral del transporte y las comunicaciones de Chile. (El Estado compró todos los ferrocarriles privados del país).

Por allá por entre 1920 – 1930, con gran soltura se desplazaban los coches por la ciudad, transportando pasajeros. Había coches de uno o dos caballos, se estacionaban en la calle Colipí, a un costado de la plaza frente a la Notaría de Pascual del Fierro, la cárcel, la estación de policía, las instalaciones municipales, etc.

Años después, estacionaban en la calle de Los Carrera, aprovechando que el ferrocarril pasaba por la plaza de Copiapó.

Existían abrevaderos para los caballos, en la Alameda, (entre O’Higgins y Los Carrera, fuente que aún subsiste), en Vicuña con Wheelwrigth y en Chañarcillo con Salas, etc.

Muchos vecinos tenían coches y carretas, para transporte, entre ellos, el vecino Olave, el vecino Quevedo, de la naciente Población Pedro León Gallo. Hubo cocheros típicos de Copiapó, como el “Chiliano” quien tenía un caballo flojo, al cual cuando lo apuraban con la huasca, levantaba las patas traseras y continuaba con su paso cansino. Otros cocheros, para recordar son los hermanos Pinto, los cuales a la vez eran bomberos y tenían caballos percherones.

Los Pinto, cuando había incendio, desenganchaban los pescantes de su coche y los ponían en la “Ponka” la bomba emblemática de los bomberos copiapinos y partían a sofocar los siniestros.

Otros cocheros “conocidos” fueron el “Negro Arcos y su imitador “El Maquina”, quienes en diferentes épocas recorrieron la ciudad publicitando los eventos que sucedían en Copiapó.

Los coches estuvieron en todos los contornos de nuestra plaza, allí se podía ver a los animales con un saco al cuello, comiendo pasto y bebiendo el agua, mientras los cocheros limpiaban su carruaje, engrasaban sus ruedas o aceitaban sus lámparas para la jornada nocturna. Hasta que un día desaparecieron, por varios asuntos… Para los caballos no había donde comprar pasto, el agua del río escaseaba y no había donde bañarlos, además que la modernidad y el progreso venía llegando y era muy provinciano tener estos carruajes en las calles. Al final la reglamentación los hizo salir del centro – por la suciedad y el olor a estiércol – que molestaba a los ambientalistas.

Al final desaparecieron, por cuestiones de higiene y modernidad.

Si su abuelo fue cochero, amiga o amigo, comente, y comparta. Por favor no insulte, esto es solo un recordatorio…

La Historia de Jean Mermoz y su paso por el Parque Nacional Nevado Tres Cruces en la región de Atacama

por Vidal Naveas Droguett

Desde hace ya un buen tiempo la Revista Enfoque, soporte digital, está promoviendo una cantidad de lugares emergentes de Chile.

Entre esos destinos está un lugar muy cercano a Copiapó y Tierra Amarilla. Se trata del Parque Nacional Nevado Tres Cruces que, adquirió es denominación a partir del 29 de julio de 1994.

El Parque Nacional Nevado Tres Cruces, no está ajeno a historias increíbles como la ocurrida el 2 de marzo de 1929.

Aquella vez, el piloto francés Jean Mermoz – y su copiloto mecánico – Alexander Collenot, decidieron buscar una nueva ruta para llegar a Santiago de Chile y evitar así, las fuertes tormentas cordilleranas de la zona central. Despegaron desde Mendoza hacia el norte, buscando una ruta alternativa, encontrando por la zona cordillerana de Copiapó las favorables condiciones de tiempo.

Entrados ya en Los Andes chilenos y en las cercanías del Nevado Tres Cruces, el avión sufrió una avería al carburador y debió aterrizar forzosamente en una planicie a más de 4000 metros de altura. En esta acción se dañó el tren de aterrizaje.

Después de tres días de bregar reparando la panne, con ese instinto de supervivencia y soportando temperaturas de 15 grados bajo cero, el mecánico Collenot logró reparar la aeronave. El piloto Mermoz y su ayudante realizaron lo imposible: Sin baterías empujaron el avión a un precipicio y sobre la marcha se subieron intentando encontrar las ráfagas de aire milagrosas. El avión, un Laté 25 cayendo al vacío, encontró por fin las corrientes de aire necesarias y pudieron retomar el vuelo, llegando a Copiapó, un día 5 de marzo de 1929.

El piloto, Jean Mermoz, competía en los éxitos aéreos con su amigo, el escritor Antonio de Saint Exupery, autor del libro, El Principito.

En la Villa El cobre, segunda etapa, de nuestra ciudad; hay una calle que lleva el nombre de Jean Mermoz.